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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuentos para leer III-A

Cuentos para leer III-A

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Luchar o tomar el té. Para leer

 Cuentos para leer III-A. Esta historia la hizo famosa un profesor universitario de Inglaterra, porque durante toda su vida se la estuvo contando a sus alumnos como una fantástica lección de vida.  Este profesor sirvió al ejército inglés durante la Segunda Guerra Mundial. Le tocó trasladarse a Birmania y luchar contra los japoneses. Resulta que su batallón fue rodeado por el enemigo en plena jungla. Uno de los exploradores avisó al capitán:  – Señor, he visto hombres alrededor nuestro. No tenemos escapatoria…  Todos temblaron. El profesor, que era muy joven, pensó que se acercaba el final de su vida. El capitán seguramente les ordenaría atacar para intentar huir, y lo más probable es que terminaran muriendo todos. Sin embargo, el capitán hizo algo totalmente imprevisto. Miró su reloj y simplemente dijo:  – Señores, son las cinco, la hora del té. Todos los soldados se miraron extrañados, pero debían obedecer, así que se prepararon el té y se sentaron con tranquil...

El elefante que perdió su anillo de boda. Para leer

 Cuentos para leer III-A. Cuenta una historia muy antigua acerca de algo que le sucedió a un joven elefante. El elefante era grande, apuesto y muy inteligente, pero no encontraba pareja, y veía con cierta tristeza como el resto de sus compañeros iban formando una familia, mientras él continuaba solo. Pero un día, su manada se encontró con otra manada de elefantes, entre los cuales, había una linda elefanta soltera, que enseguida se fijó en él. Ambos comenzaron a jugar y a dar largos paseos por la selva. Les gustaban las mismas cosas y reían sin parar. Se divertían y no podían dejar de verse. Hasta que se dieron cuenta de que estaban perdidamente enamorados.  Así que, el elefante, sin dudarlo, le pidió matrimonio a la elefanta. ¡Menuda alegría se dieron las dos manadas de elefantes! ¡Hacía mucho que no se celebraba una boda! Así que organizaron el evento con muchísima ilusión. Mientras unos preparaban el banquete, otros comenzaron a construir el lugar en donde se celebraría el ...

El mono y el pez. Para leer

 Cuentos para leer III-A. Un día, un mono paseaba por la ribera de un río. Estaba algo aburrido, y ese día decidió observar la Naturaleza. De pronto, el mono vio un pequeño pez bajo el agua. De vez en cuando, daba pequeños brincos para salir un segundo al exterior, y después volvía a zambullirse en el agua. El pequeño mono, que nunca antes había visto un animal como ese, pensó que el pobre pez se estaba ahogando. – ¡Oh!, ¡no! - pensó- ¡Pobrecillo! ¡Se ahoga! ¡Tendré que ayudarle! Entonces el mono agarró al pez con sus dos manos. El pececito comenzó a agitarse con fuerza, y el monito pensó que era de alegría al verse a salvo. Poco después, el pez paró de agitarse y el monito, al ver que estaba muerto, pensó: – ¡Qué pena no haber podido llegar antes! ‘A veces intentando ayudar, sin querer, empeoramos una situación. Hay que estar siempre muy seguro de la necesidad real del otro’. Reflexiones. Esta antigua fábula africana nos advierte de que antes de ayudar al otro, debemos ser muy con...

La brizna. Para leer

 Cuentos para leer III-A. Una hoja se había caído al suelo arrastrada por una ráfaga de viento. Era otoño, y su tallo ya estaba débil. Al caer, molestó a una brizna de hierba, que empezó a discutir con ella:  – ¡Me has despertado! ¿No puedes caer haciendo algo menos de ruido? - dijo a la hoja de muy mal humor.  – ¡No sabes lo que dices, ignorante! - dijo entonces la hoja- No sabes que mis sonidos son dulces y musicales porque no conoces nada de lo que ocurre arriba. Tú nunca has volado. Solo conoces las miserias de la tierra, porque no puedes moverte.  La brizna entonces calló, totalmente avergonzada, mientras que la hoja volvió a balancearse con el viento, voló y volvió a caer más adelante sobre la tierra, suavemente. Y allí, se quedó dormida.  Pasó el tiempo y llegó la primavera. La que antes había sido hoja, germinó y se convirtió en brizna de hierba. Y con la llegada de nuevo del otoño, comenzaron a caer las hojas. Y la brizna de hierba, que había olvidado q...

Las dos hormigas. Para leer

 Cuentos para leer III-A. Una hormiga vivía plácidamente en una montaña de azúcar. Otra hormiga vivía cerca de allí, en un montículo de sal. La hormiga que vivía en la montaña de azúcar vivía feliz, porque disfrutaba de un alimento muy dulce, mientras que la hormiga que vivía en la montaña de sal, siempre tenía una terrible sed después de comer. Un día, la hormiga de la montaña de azúcar se acercó a la montaña de sal – ¡Hola, amiga! - le dijo. – ¡Hola! - contestó extrañada la hormiga del montículo de sal- ¡Que bueno ver otra hormiga por aquí! Comenzaba a sentirme muy sola… – Pues vivo muy cerca de aquí, en una montaña de azúcar.  – ¿Azúcar? ¿Y eso qué es? - preguntó extrañada la hormiga de la sal. – ¿Nunca probaste el azúcar? ¡Te va a encantar! Si quieres, ven mañana a verme y te dejaré probar el azúcar. – ¡Me parece una idea fantástica! - contestó intrigada la hormiga de la montaña de sal. Al día siguiente, la hormiga del montículo de sal decidió aceptar la invitación de su v...

Cuánto pesa un vaso de agua. Para leer

 Cuentos para leer III-A. Una psicóloga daba vueltas por una sala mientras impartía una charla de cómo manejar el estrés. De repente tomó un vaso de agua entre sus manos y lo levantó para que los asistentes a su charla, pudieran verlo bien. En ese momento, todos pensaron:  – ‘Ahora nos preguntará si el vaso está medio lleno o medio vacío’.  Sin embargo, la psicóloga preguntó:  – ¿Cuánto pensáis que pesa este vaso con agua? - y lo hizo con la mejor de sus sonrisas.  Todos empezaron a lanzar posibles respuestas, que iban desde los 100 a los 500 gramos.  La psicóloga entonces dijo:  – El peso absoluto no tiene realmente ninguna importancia, porque depende simplemente de cuánto tiempo sostengo el vaso. Veréis: si lo sostengo durante un minuto no hay ningún problema. Si lo sujeto durante una hora, seguramente me empiece a doler el brazo. Si lo sostengo durante un día entero, entonces mi brazo se quedará entumecido y paralizado.  En cada uno de esos cas...

Gallina para tres. Para leer

 Cuentos para leer III-A Cuentan que un lindo día de primavera, don Zorro madrugó para ir a cazar. Le pareció que era un día hermoso. La temperatura era muy agradable, olía a hierba fresca, y el sol lucía con sus primeros rayos del día.  Don Zorro estaba feliz, Intuía que iba a ser un buen día. Y así fue: justo al pasar por una granja, vio a un grupo bien numeroso de gallinas que picoteaban el maíz despreocupadas. Don Zorro se abalanzó sobre ellas y consiguió atrapar a la más grande. Así que, satisfecho por la caza, se fue tan contento a su casa a enseñarle la presa a doña Zorra. Cuando don Zorro llegó a su madriguera, le dijo a su esposa: – ¡Mira qué gallina tan grande he conseguido cazar! – ¡¡Pero qué maravilla!!- exclamó eufórica doña Zorra- ¿Y si invitamos a comer al señor Tigre?¡Tenemos que mantenerlo contento para no tener problemas con él! – Me parece una excelente idea- dijo don Zorro- Ve preparando el guiso y yo voy a buscarle. Así que don Zorro fue a invitar al señor...

La hormiga trabajadora. Para leer

 Cuentos narrados III-A. Había una vez una hormiga muy trabajadora y productiva. Siempre llegaba feliz a su trabajo y se marchaba igual de contenta.  El jefe de la empresa, un león, estaba encantado con ella. Era sin duda la hormiga más productiva, y eso que trabajaba sin supervisión de ningún tipo. Entonces se le ocurrió lo siguiente:  – Si esta hormiga trabaja tanto y tan bien sin supervisión… ¡La de trabajo que reportará con un supervisor!  No se lo pensó más y contrató a una experimentada cucaracha para que supervisara el trabajo de la hormiga. Su misión sería vigilarla y anotar su hora de entrada, de salida, cada vez que paraba… Pero claro, para rellenar luego los informes, la cucaracha tuvo que contratar a una secretaria, una inteligente y trabajadora mariquita. Y también a un experto en informes, una araña muy bien dispuesta.  Al león jefe le gustaron mucho los informes, y siguió pidiendo más y más datos, así que la cucaracha tuvo que pedir a la empre...