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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuentos para leer VII

Cuentos para leer VII

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La sombra de la sospecha. Para leer

 Cuentos para leer VII. Cierto día, un leñador, al prepararse para salir a trabajar, no encontraba su hacha. Buscó por todas partes en vano. Trató de recordar dónde la había dejado el día anterior. Únicamente recordó que el niño del vecino le estuvo observando mientras él partía leña en el patio. Se le ocurrió que el hacha podía haberla robado el muchachito. Mientras seguía buscando infructuosamente en las habitaciones, crecía su sospecha. Cuando removió en vano los trastos de había en el patio, se sintió seguro de su conjetura.  —Sí, seguro que ha sido él —se dijo—. Me estuvo observando hasta que terminé el trabajo.  Incluso pudo imaginarse cómo entró el niño sigilosamente en su patio y se llevó el hacha corriendo. Justo en ese instante, el presunto ladrón se asomó por la tapia que separaba los dos patios, preguntándole:  —¿Va a cortar leña otra vez?  El leñador le miró con profundo resentimiento, tratando de interpretar el doble sentido del pequeño diablo....

El anillo del rey. Para leer

 Cuentos para leer VII. Una vez, un rey de un país no muy lejano reunió a los sabios de su corte y les dijo: – “He mandado hacer un precioso anillo con un diamante, con uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero guardar, oculto dentro del anillo, algunas palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi anillo”. Todos aquellos que escucharon los deseos del rey, eran grandes sabios, eruditos que podían haber escrito grandes tratados… pero ¿pensar un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada en que ajustara a los deseos del poderoso rey. El rey tenía muy próximo a él, un sirviente muy...

El borracho y los gusanos. Para leer

Cuentos para leer VII. Érase un hombre que pasaba más tiempo beodo que sereno. Su mujer ya no lo soportaba más y enterada de la cercanía de un sabio que daba consejos, consiguió que el marido acudiese a visitarlo en su compañía.   —Respetado señor —dijo la mujer con la voz quebrada por el llanto—, no puedo hacer carrera de mi marido. No hay manera de que deje de beber. ¿Puedes hacer algo por nosotros?  Entonces el sabio colocó dos vasos sobre una mesa y dijo al hombre:  —Quiero que observes con atención. En uno de estos vasos hay agua y en el otro hay alcohol.  El hombre asintió con la cabeza.  —Ahora sigue observando.  El sabio cogió un gusano y lo depositó en el vaso de agua.  —Mira qué bien se siente el gusano —dijo el sabio—. El agua no le hace ningún daño.  Luego el sabio sacó el gusano del agua y lo introdujo en el vaso de alcohol.  —Mira qué mal se encuentra el gusano. Si lo dejara un poco más en ese medio moriría. ¿Has entendido ahora...

El conejo miedoso. Para leer

 Cuentos para leer VII. Había una vez un conejo que siempre tenía miedo. Un conejo miedoso que se asustaba durante el día porque había mucha luz, y durante la noche a causa de la oscuridad. El zorro estuvo a punto de atraparlo una vez, y en otra ocasión lo persiguió un búho, por lo que apenas se atrevía a salir de la madriguera. Pero una noche, como tenía mucha hambre, se aventuró hasta el lindero del bosque y se metió en un campo de tréboles. De pronto se llevó un susto enorme... vio una gran lechuza posada sobre la rama de un árbol y se dio cuenta de que le estaba mirando con sus ojos verdosos y brillantes. -Me alegro mucho de que hayas venido, querido conejito –dijo la lechuza con amabilidad, y añadió-: ¡No sabes cuántas ganas tengo de comerte conejito! El conejo se acurrucó entre los árboles y apenas podía moverse, a causa del gran miedo que sentía y que agarrotaba sus patitas. Pero cuando volvió a levantar la vista hacia el lugar donde le acechaba, vio las estrellas que brilla...

El príncipe feliz. Para leer

 Cuentos para leer VII. El alcalde de una floreciente ciudad contemplaba orgullosola estatua que había mandado construir del Príncipe que un día hizo popular ese lugar.  La estatua contaba con numerosas piedras preciosas y piezas de oro macizo. Desde allí, el Príncipe, podía contemplar mejor su antigua ciudad. Se sorprendió mucho al comprobar que había muchas personas pasando tremendas calamidades. ¡Él que vivía en un lujoso palacio! Los días pasaron y llegó el invierno, y con el frío, las calles se empezaron a llenar de hielo. Las aves cruzaban el cielo, buscando lugares más cálidos para pasar el invierno. Un día, una joven golondrina se posó sobre la estatua para descansar. Iba más retrasada que el resto de sus compañeras. Entonces, comenzaron a caerle gotas de agua encima. Se extrañó, porque no había nubes. – ¡Eh! ¿Qué es esto?- exclamó la golondrina. ¿Lágrimas? ¿Eres tú quien llora, Príncipe? – Sí, soy yo- contestó la estatua. – ¿Y por qué lloras, qué te sucede? – Estoy tr...

El país de las cucharas largas. Para leer

 Cuentos para leer VII. Un hombre que viajaba mucho y había vivido muchísimas experiencias contó una vez esta historia, sobre algo extraño que le sucedió: De entre todos los países que había visitado, recordaba de forma especial el País de las cucharas largas. Había llegado a ese país de casualidad. En realidad, iba a otro lugar, pero en un cruce de caminos, torció hacia el País de las cucharas largas. Al final del camino, se encontró con una casa enorme, que estaba dividida en dos pabellones: uno al oeste y otro al este. Aparcó el coche y salió. Delante de la casa había un cartel que decía: ‘País de las cucharas largas’. En la casa solo había dos habitaciones: una habitación negra y una habitación blanca. Un largo pasillo conducía hasta ellas. A la derecha se encontraba la habitación negra y a la izquierda, la habitación blanca. Primero torció hacia la habitación negra. Pero de pronto, y antes de llegar a una puerta muy alta, escuchó algunos quejidos y gritos lastimeros: ‘¡Ayyyyy!...

Las tres rejas. Para leer

 Cuentos para leer VII. El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa de este y le dice: – Oye maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…. – ¡Espera! – lo interrumpe el filósofo – ¿ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme? – ¿Las tres rejas? – Si. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto? – No. Lo oí comentar a unos vecinos. – Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien? – No, en realidad no. Al contrario… –! Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta? – A decir verdad, no. – Entonces, dijo el sabio sonriendo – Si no sabemos si es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Abriendo puertas sin miedo. Para leer

 Cuentos para leer VII. En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto a sus enemigos ya que, a sus prisioneros, no los mataba, si no que los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado, y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esa sala, les hacía formar un círculo y les decía:
– Ustedes pueden elegir entre morir a flechazos por mis arqueros o pasar por aquella puerta. Detrás de esa puerta, Yo los estaré esperando. Todos elegían ser muertos por los arqueros.
Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo había servido al rey, se dirigió al soberano y le dijo: – Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?
– Dime, soldado.
– Señor, ¿qué hay detrás de esa puerta? El rey contestó: – Ve, y mira tú mismo. El soldado abrió temerosamente la puerta, y a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y la luz invadió el ambiente. Finalmente, sorprendido, descubrió que la puerta se abría so...