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El consejo desoído. Para leer.

Cuentos para leer IV-B.

Un día un hombre caminaba con un pesado saco cargado de oro y piedras preciosas. Estaba muy fatigado, pero deseaba llegar rápido a su casa.

A mitad de camino se topó con un caudaloso río y decidió atravesarlo para no perder tiempo en buscar un puente. Un campesino, que se encontraba allí descansando, le advirtió: 

– Tenga cuidado, que el río lleva mucha fuerza y es más profundo de lo que parece. 


– No me da miedo el río- dijo el fanfarrón- Yo tengo más fuerza. 

Y diciendo esto, el hombre comenzó a cruzar el río con el saco sobre la cabeza. Cuando ya se encontraba a la mitad de su camino, el agua le zarandeó y el hombre comenzó a hundirse. Y por más que intentaba salir a flote, el peso del saco se lo impedía. 

– ¡Tire el saco si quiere salvar la vida! – gritó desde la orilla el campesino. 

Pero el hombre, cegado por la codicia, no quiso desprenderse de su oro. Así que el campesino solo acertó a ver cómo el hombre se hundía bajo el agua. 

Reflexiones.

Con esta fábula ‘El consejo desoído’, corta podrás reflexionar sobre estos temas: 

– El poder cegador de la codicia. 
– La desobediencia o el no hacer caso de los buenos consejos. 
– El valor de la prudencia. 
– La prepotencia.

No dejes que la avaricia termine estropeando lo más importante que tienes…

– La avaricia rompe el saco: este es el mensaje más claro que podemos sacar de esta fábula. Y en este caso se trata de una codicia que lleva hasta el extremo. El protagonista de esta historia prefiere perder la vida antes que perder su oro. 

– No desoigas los buenos consejos: si el hombre codicioso de esta historia hubiera hecho caso a las palabras del campesino, tal vez hubiera salvado la vida, a pesar de haber perdido el oro. Pero al menos hubiera tenido una segunda oportunidad para volver a reunir el dinero de otra forma. Sin embargo, no hizo caso al campesino y mucho menos a sus palabras. En ese momento estaba tan ciego y sordo, que prefirió no oír o desobedecer el mensaje de advertencia. 

– Las imprudencias, se pagan: esta frase que tantas veces hemos escuchado, es una gran verdad. A veces la olvidamos o simplemente nos creemos con poder suficiente para desafiar todas las adversidades. Esto es un signo de una prepotencia que también pasa factura. 

¡Feliz día!