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El cuervo y la serpiente

 Cuentos narrados VII-A.

Con esta fábula india de ‘El cuervo y la serpiente’, podernos reflexionar sobre:
  • Si respondes con ira a la ira, no conseguirás nada bueno. El cuervo estaba furioso, y podría haber intentado destruir a la serpiente mediante su ira, pero la sensata hiena le explicó que no podía utilizar la fuerza. La ira le hubiera llevado a una derrota casi segura. Sin embargo, la inteligencia le puso las cosas más fáciles. 
  • Ante un conflicto, usa el ingenio y escucha los consejos de los más sabios.  
  • La empatía nos hace ponernos del lado de los más débiles, la hiena sintió mucha empatía por el cuervo, al notar el dolor que la serpiente había dejado en él. Gracias a ello, decidió ayudarle de la mejor forma posible, mostrando su solidaridad y dándole sus consejos.

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La tortuga Manuelita. Para leer.

 Cuentos para leer V-B. Manuelita era una tortuga encantadora, pero tenía un pequeño defecto: se enfadaba con facilidad, y cuando se enfadaba, se ponía tan nerviosa que comenzaba a gritar y a patalear sin parar. Ella lo pasaba muy mal, y el resto no sabía cómo ayudarla.  Manuelita cuando se enfadaba era capaz de hacer cosas que no quería, como romper papeles en medio de la clase o incluso intentar pegar a alguno de sus compañeros. Luego se arrepentía mucho, pero no era capaz de encontrar la solución. Así que, a Manuelita, cada vez le costaba más ir al colegio, y su rabia crecía y crecía sin control.  También le pasaba en su casa, con sus padres. Hasta que un día, les visitó su querida abuela Margarita, que llevaba mucho tiempo sin verla. A Manuelita le encantaba hablar con su abuela. Era muy vieja y sabía muchas cosas. Y su abuela, que notó que Manuelita estaba un poco tristona, le preguntó y la tortuga le explicó lo que pasaba, y su abuela, le dijo con dulzura:  – ¡...

Delfi, el delfín que quería volar. Para leer.

Cuentos para Leer I-B Delfi era un delfín joven y muy inquieto. Ya desde pequeño quería nadar y nadar para descubrir hasta el último rincón del océano. Recorrió todos los mares, conoció a todos los peces, atravesó galeones hundidos. Conocía el lugar exacto donde se encontraban los tesoros de barcos piratas, y guardaba el secreto de todos los animales extraños que sólo él pudo conocer. Pero a Delfi el mar se le quedó pequeño. Y comenzó a mirar con tristeza el cielo. – Que inmenso…- pensaba Delfi- ¡Cuántos tesoros habrá allí arriba! El deseo de Delfi ahora era volar, quería navegar por los otros mares y tocar las estrellas. Quería conocer a todas las aves y buscar galeones entre las nubes.  Pero los delfines solo nadaban, sin más. Si Acaso alguna vez asomaban el hocico de forma tímida para sentir el aire y mirar de reojo el azul del cielo. Pero nada más.  – Los delfines sólo nadan- le dijeron sus amigos- No puedes volar. ¿Dónde has visto un delfín volador? ¿Acaso encontraste alg...

El mensajero de la muerte.

Cuentos narrados V-B. Este cuento, ‘El mensajero de la muerte’, trata los signos de la edad como avisos de la muerte, mensajeros que están ahí para recordarnos que debemos prepararnos. Es cierto que la muerte puede llegar por sorpresa y sin avisar en momentos inesperados, pero si la vida no trae sorpresas desagradables, lo más normal es que el propio ciclo de la vida vaya dejando que esos ‘mensajeros’ hagan su trabajo. Las canas, luego el pelo blanco… la pérdida de visión, de oído… La pérdida de agilidad y reflejos. La edad llega con todos esos ‘mensajes’, según este curioso cuento, para que no olvidemos que la muerte llegará y que debemos prepararnos y aprovechar al máximo la vida que nos quede.  Recuerda Carpe díem, tenemos que aprovechar el momento presente sin esperar el futuro.